
Los hechos acontecidos recientemente en mi país son una muestra de la capacidad del ser humano de la contradicción. Me resulta increíble ver como en las últimas semanas lo mejor y lo peor de la ciudadanía ha salido a la luz. Hay quienes apoyan una destitución mientras que otros, condenan un golpe, hay quienes están felices de ver como un MAL presidente sale del poder, cuando otros, están tristes por perder a su líder, uno que a su juicio, ha sido el único que de verdad se ha preocupado por sus problemas. La realidad es que al final del día, todos y cada uno, ya sea a favor o en contra, o en contra de quienes están a favor, aspiramos a lo mismo: PAZ. Honduras está tan dividida como está unida, estamos en una vitrina, el mundo nos ve, nos juzga, nos condena, nos admira, nos aplaude, nos señala, nos critica y no nos entiende.
Peleamos por la PAZ, pero, de verdad; ¿La PAZ se pelea? ¿Alguna guerra en la historia ha traído la paz a quienes participaron de ella? No se puede encontrar unidad en la división, así como un manco no puede mover los dedos. Suena muy obvio pero es tan difícil de entender. Es irónico que, la causa por la que todos decimos “pelear”, sea la causa de la pelea en sí. Cada quien maneja una verdad, que en cierta escala, es real, pero la UNICA verdad es que no la hay. Las utopías nos mueven, a unos a la violencia, a otros a la omisión, pero cada ciudadano de Honduras cree en algo. La manera de demostrar lo que cree es el problema, ahí es donde empieza la división.
Muy personalmente, apoyo MUCHAS medidas tomadas, no TODAS. El resultado es evidente y palpable, Honduras no está bien. Pero al enfermar, el cuerpo combate la enfermedad, y no solo eso, también memoriza el origen de la misma para el futuro y se prepara. Los órganos se unen, combaten el mal, en diferentes escalas dependiendo de su función, algunos se sacrifican incluso por el bienestar del cuerpo, así de maravillosa es la creación de Dios. Nuestro cuerpo no está formado por órganos egoístas, pues, si uno sufre, todos lo hacen, si a uno se le da alabanzas, también a todos.
No se necesita ser político para notar la tensión en el aire, las paredes pintadas, los vidrios rotos y las llantas ardiendo en protesta. Algo he aprendido, la Paz, o por lo menos el termino Paz, divide al mismo tiempo que une, es así porque CADA persona que respira entiende a la FELICIDAD a su manera, y en la felicidad está la Paz, en respetar la felicidad de los demás, en buscar la felicidad no solo propia, si no que de los que me rodean, AHÍ está la PAZ. Ceder es difícil, es difícil seguir el ejemplo de nuestro propio cuerpo, es difícil hacer sacrificios para que otro se beneficie de ellos, pero les recuerdo, nadie dijo que alcanzar la felicidad era fácil.
Las tortillas son una parte de nuestra cultura, tanto ricos como pobres, Católicos, Protestantes, Presidentes y Albañiles, TODOS sabemos lo que son. Todos valoramos lo que significan no solo como un alimento versátil y económico, sino también, como parte de nuestra idiosincrasia y costumbres. El agua y la harina se unen para formar este alimento, una en cantidad mayor a la otra. Pero, ¿No son acaso las dos necesarias para preparar las tortillas? Con una no basta, las dos se combinan, y aun combinadas, no es suficiente, deben resistir el calor de un comal, JUNTAS como una sola mezcla, antes de llegar al estado que todos conocemos. Éste ejemplo tan sencillo se aplica de una manera muy peculiar a la situación del país que tanto amo. El agua por si misma tiene cualidades innegables, pero por si misma no hace una tortilla, la harina por su lado tiene muchos usos posibles, pero sin el agua, es harina, nada más.
Las posiciones que defiende cada “grupo”, tienen fundamentos reales y valederos, pero solos, no hacen una democracia. Me rehusó a creer que en este país un MAL ejemplo de gobernante pueda causar peleas, vandalismo, represiones y muerte. Entendamos que no podemos caer en la violencia para proteger la paz, no podemos caer en la ilegalidad para fortalecer la democracia, no podemos dejarnos llevar por opiniones del exterior, que no viven nuestra realidad, que no comen nuestra comida, que no pagan nuestros impuestos y que, ya más de una vez, hicieron caso omiso a la voz de este país demandando una sociedad más justa.
Honduras es de los hondureños, todos tenemos la obligación de defenderla incluso cuando el bienestar del país contradiga nuestro bienestar personal. El egoísmo es el oxido de nuestra nación, el conformismo es el cáncer de la población y el gobierno es el eterno negligente. Estoy convencido que una sociedad no puede ser justa y democrática sin brindarle igualdad de oportunidades a quienes la conforman, y un país no puede prosperar sin el deseo de cada ciudadano de prosperar personalmente. La educación es la llave del desarrollo, la herramienta más útil para construir la prosperidad y es la base de la justicia. Un gobierno preocupado y responsable, busca educar a su país para poder explotar de manera inteligente a todos y cada uno de los ciudadanos, dándoles opciones más dignas y mejor remuneradas para que ellos mismos se formen un futuro más sólido y vivan mejor. Tratar de engañar prometiendo cambio instantáneo a través de medidas que solo son beneficiosas para un gobernante es el peor abuso a la confianza de quienes le dieron ese cargo y el peor insulto a la inteligencia de la nación.
Cambiar el estado social implica muchísimo más que cambiar la Constitución. Cambiar es una decisión personal, y el cambio solo es beneficioso cuando se enmarca en LEY, puesto que las leyes no ven estrato social, poder, religión ni color de piel. Las leyes protegen a quienes las cumplen, pero castigan a quienes creen que pueden ser más que ellas. Miremos más allá de nuestra realidad personal, las injusticias sociales no son culpa de una Constitución y tampoco son culpa de quienes haciendo sacrificios y trabajando duro han logrado una estabilidad económica. Las puertas por donde el ser humano pasa, las abre él mismo. El preguntarse ¿Qué hará mi país por mi? Debe ir después de preguntarnos a nosotros mismos ¿Qué voy hacer YO por mi país? La persona que no quiere entender esto, ya sea rica o pobre, es simplemente egoísta y conformista.
Exijamos no solo participación, exijamos educación, para que, cuando nos toque ser preguntados de que manera ayudar al desarrollo de Honduras, nuestra respuesta sea coherente con el desarrollo COMPLETO del país, no solo del MÍO propio. Recordemos que todos somos Honduras y a todos nos toca, juntos pasar por el calor del comal. Ningún cambio relevante viene de manera silente, seamos más que espectadores de la transformación de nuestra patria. Levantemos la voz por la causa CORRECTA, sin violencia y sin conflictos, buscando siempre lo mejor para la ciudadanía en general. Demos ejemplo, en cualquiera que sea nuestra realidad, que el trabajo digno y transparente, incluso cuando es menos remunerado, es preferible a la comodidad material alcanzada de manera sucia e ilegal. Honduras no la hace un presidente, así como una mano no hace un cuerpo, el desarrollo lo hacemos todos, ricos y pobres por igual. El factor que falta es una educación más equitativa que conduce a una participación más equitativa y a un entendimiento de los problemas que de verdad son problema, y de los que solo son ramificaciones de un mal más grande.
La conciliación es la única manera de salir delante de esta crisis. Avanzar implica dejar atrás lo que nos estorba y abrir paso a lo nuevo, si hubo en algún momento actuaciones que perturbaron la estabilidad del país, revisemos la causa que las impulsó, no seamos piedras de tropiezo para que la ley se cumpla, y veamos las circunstancias de los hechos de manera más amplia y objetiva. Si la remoción del ex presidente tuvo complicaciones que pudieron alterar el orden, existe la posibilidad de que fueran exclusivamente para la protección de quienes a ojos ciegos decidieron condenarla antes de escuchar razones.
Todos tenemos el derecho a buscar nuestra felicidad, y considero que es el sueño de todos hacer de uno mismo una mejor persona, que pueda producir más de lo que produce, que pueda aspirar a llegar más lejos de lo que ha llegado y que pueda vivir en un mejor país que el que ha conocido. Cuando caminemos en una sola dirección habrá paz, entre tanto, los conflictos solo traerán más sangre, mas injusticia y mas inconformidad.
Así como el oro pasa por el fuego para purificarse, abracemos esta situación y saquémosle el mayor provecho posible. Que sea una vacuna para todos los presidentes que el futuro nos prepara, que le muestre a los próximos gobernantes que la soberanía se defiende y que las leyes imperan, que los problemas reales deben ser los que abarquen la atención del gobierno y el capital de la nación y que las aspiraciones personales van mucho después de el bienestar colectivo y la estabilidad nacional.
Que Dios bendiga a este país y los que lo habitamos, que el mundo nos apoye y que al revisar los hechos se dé cuenta de que no nos oponemos a los cambios, pero que repudiamos el abuso de poder y el mentirle a la población. Ninguna elección democrática protege a un delincuente y ningún hondureño de verdad tampoco. Dejemos las diferencias a un lado y recordemos que el agua sola, es agua nada más, y la harina sola, es harina nada más. Después de pasar juntos por el calor de un comal el país va a entender que con las pruebas aflora lo mejor de las dos partes, nos volvemos un país más versátil, podemos aspirar a un mejor futuro, dando ejemplo de solidaridad y de unidad, la PAZ que tanto se busca se va a encontrar, y para eso tenemos que ser buenos hondureños, buenos cristianos y honrados ciudadanos.
Peleamos por la PAZ, pero, de verdad; ¿La PAZ se pelea? ¿Alguna guerra en la historia ha traído la paz a quienes participaron de ella? No se puede encontrar unidad en la división, así como un manco no puede mover los dedos. Suena muy obvio pero es tan difícil de entender. Es irónico que, la causa por la que todos decimos “pelear”, sea la causa de la pelea en sí. Cada quien maneja una verdad, que en cierta escala, es real, pero la UNICA verdad es que no la hay. Las utopías nos mueven, a unos a la violencia, a otros a la omisión, pero cada ciudadano de Honduras cree en algo. La manera de demostrar lo que cree es el problema, ahí es donde empieza la división.
Muy personalmente, apoyo MUCHAS medidas tomadas, no TODAS. El resultado es evidente y palpable, Honduras no está bien. Pero al enfermar, el cuerpo combate la enfermedad, y no solo eso, también memoriza el origen de la misma para el futuro y se prepara. Los órganos se unen, combaten el mal, en diferentes escalas dependiendo de su función, algunos se sacrifican incluso por el bienestar del cuerpo, así de maravillosa es la creación de Dios. Nuestro cuerpo no está formado por órganos egoístas, pues, si uno sufre, todos lo hacen, si a uno se le da alabanzas, también a todos.
No se necesita ser político para notar la tensión en el aire, las paredes pintadas, los vidrios rotos y las llantas ardiendo en protesta. Algo he aprendido, la Paz, o por lo menos el termino Paz, divide al mismo tiempo que une, es así porque CADA persona que respira entiende a la FELICIDAD a su manera, y en la felicidad está la Paz, en respetar la felicidad de los demás, en buscar la felicidad no solo propia, si no que de los que me rodean, AHÍ está la PAZ. Ceder es difícil, es difícil seguir el ejemplo de nuestro propio cuerpo, es difícil hacer sacrificios para que otro se beneficie de ellos, pero les recuerdo, nadie dijo que alcanzar la felicidad era fácil.
Las tortillas son una parte de nuestra cultura, tanto ricos como pobres, Católicos, Protestantes, Presidentes y Albañiles, TODOS sabemos lo que son. Todos valoramos lo que significan no solo como un alimento versátil y económico, sino también, como parte de nuestra idiosincrasia y costumbres. El agua y la harina se unen para formar este alimento, una en cantidad mayor a la otra. Pero, ¿No son acaso las dos necesarias para preparar las tortillas? Con una no basta, las dos se combinan, y aun combinadas, no es suficiente, deben resistir el calor de un comal, JUNTAS como una sola mezcla, antes de llegar al estado que todos conocemos. Éste ejemplo tan sencillo se aplica de una manera muy peculiar a la situación del país que tanto amo. El agua por si misma tiene cualidades innegables, pero por si misma no hace una tortilla, la harina por su lado tiene muchos usos posibles, pero sin el agua, es harina, nada más.
Las posiciones que defiende cada “grupo”, tienen fundamentos reales y valederos, pero solos, no hacen una democracia. Me rehusó a creer que en este país un MAL ejemplo de gobernante pueda causar peleas, vandalismo, represiones y muerte. Entendamos que no podemos caer en la violencia para proteger la paz, no podemos caer en la ilegalidad para fortalecer la democracia, no podemos dejarnos llevar por opiniones del exterior, que no viven nuestra realidad, que no comen nuestra comida, que no pagan nuestros impuestos y que, ya más de una vez, hicieron caso omiso a la voz de este país demandando una sociedad más justa.
Honduras es de los hondureños, todos tenemos la obligación de defenderla incluso cuando el bienestar del país contradiga nuestro bienestar personal. El egoísmo es el oxido de nuestra nación, el conformismo es el cáncer de la población y el gobierno es el eterno negligente. Estoy convencido que una sociedad no puede ser justa y democrática sin brindarle igualdad de oportunidades a quienes la conforman, y un país no puede prosperar sin el deseo de cada ciudadano de prosperar personalmente. La educación es la llave del desarrollo, la herramienta más útil para construir la prosperidad y es la base de la justicia. Un gobierno preocupado y responsable, busca educar a su país para poder explotar de manera inteligente a todos y cada uno de los ciudadanos, dándoles opciones más dignas y mejor remuneradas para que ellos mismos se formen un futuro más sólido y vivan mejor. Tratar de engañar prometiendo cambio instantáneo a través de medidas que solo son beneficiosas para un gobernante es el peor abuso a la confianza de quienes le dieron ese cargo y el peor insulto a la inteligencia de la nación.
Cambiar el estado social implica muchísimo más que cambiar la Constitución. Cambiar es una decisión personal, y el cambio solo es beneficioso cuando se enmarca en LEY, puesto que las leyes no ven estrato social, poder, religión ni color de piel. Las leyes protegen a quienes las cumplen, pero castigan a quienes creen que pueden ser más que ellas. Miremos más allá de nuestra realidad personal, las injusticias sociales no son culpa de una Constitución y tampoco son culpa de quienes haciendo sacrificios y trabajando duro han logrado una estabilidad económica. Las puertas por donde el ser humano pasa, las abre él mismo. El preguntarse ¿Qué hará mi país por mi? Debe ir después de preguntarnos a nosotros mismos ¿Qué voy hacer YO por mi país? La persona que no quiere entender esto, ya sea rica o pobre, es simplemente egoísta y conformista.
Exijamos no solo participación, exijamos educación, para que, cuando nos toque ser preguntados de que manera ayudar al desarrollo de Honduras, nuestra respuesta sea coherente con el desarrollo COMPLETO del país, no solo del MÍO propio. Recordemos que todos somos Honduras y a todos nos toca, juntos pasar por el calor del comal. Ningún cambio relevante viene de manera silente, seamos más que espectadores de la transformación de nuestra patria. Levantemos la voz por la causa CORRECTA, sin violencia y sin conflictos, buscando siempre lo mejor para la ciudadanía en general. Demos ejemplo, en cualquiera que sea nuestra realidad, que el trabajo digno y transparente, incluso cuando es menos remunerado, es preferible a la comodidad material alcanzada de manera sucia e ilegal. Honduras no la hace un presidente, así como una mano no hace un cuerpo, el desarrollo lo hacemos todos, ricos y pobres por igual. El factor que falta es una educación más equitativa que conduce a una participación más equitativa y a un entendimiento de los problemas que de verdad son problema, y de los que solo son ramificaciones de un mal más grande.
La conciliación es la única manera de salir delante de esta crisis. Avanzar implica dejar atrás lo que nos estorba y abrir paso a lo nuevo, si hubo en algún momento actuaciones que perturbaron la estabilidad del país, revisemos la causa que las impulsó, no seamos piedras de tropiezo para que la ley se cumpla, y veamos las circunstancias de los hechos de manera más amplia y objetiva. Si la remoción del ex presidente tuvo complicaciones que pudieron alterar el orden, existe la posibilidad de que fueran exclusivamente para la protección de quienes a ojos ciegos decidieron condenarla antes de escuchar razones.
Todos tenemos el derecho a buscar nuestra felicidad, y considero que es el sueño de todos hacer de uno mismo una mejor persona, que pueda producir más de lo que produce, que pueda aspirar a llegar más lejos de lo que ha llegado y que pueda vivir en un mejor país que el que ha conocido. Cuando caminemos en una sola dirección habrá paz, entre tanto, los conflictos solo traerán más sangre, mas injusticia y mas inconformidad.
Así como el oro pasa por el fuego para purificarse, abracemos esta situación y saquémosle el mayor provecho posible. Que sea una vacuna para todos los presidentes que el futuro nos prepara, que le muestre a los próximos gobernantes que la soberanía se defiende y que las leyes imperan, que los problemas reales deben ser los que abarquen la atención del gobierno y el capital de la nación y que las aspiraciones personales van mucho después de el bienestar colectivo y la estabilidad nacional.
Que Dios bendiga a este país y los que lo habitamos, que el mundo nos apoye y que al revisar los hechos se dé cuenta de que no nos oponemos a los cambios, pero que repudiamos el abuso de poder y el mentirle a la población. Ninguna elección democrática protege a un delincuente y ningún hondureño de verdad tampoco. Dejemos las diferencias a un lado y recordemos que el agua sola, es agua nada más, y la harina sola, es harina nada más. Después de pasar juntos por el calor de un comal el país va a entender que con las pruebas aflora lo mejor de las dos partes, nos volvemos un país más versátil, podemos aspirar a un mejor futuro, dando ejemplo de solidaridad y de unidad, la PAZ que tanto se busca se va a encontrar, y para eso tenemos que ser buenos hondureños, buenos cristianos y honrados ciudadanos.